octubre 10, 2012

209. Himno al árbol


Rose Marie Hernández Vargas
Bosque en Cocles. Costa Rica. Fotografía Fernando Lizana.

“Himno al árbol”, de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, conocida por su seudónimo Gabriela Mistral (1889-1957). Destacada poetisa, diplomática, feminista y pedagoga chilena. Una de las principales representantes de la literatura latinoamericana. Premio Nacional de Literatura de Chile 1951.


Primer intelectual de América Latina en ganar el Premio Nóbel de Literatura, que recibió en 1945. A D. José Vasconcelos


Árbol hermano, que clavado

por garfios pardos en el suelo,
la clara frente has elevado
en una intensa sed de cielo; hazme piadoso hacia la escoria

de cuyos limos me mantengo,
sin que se duerma la memoria
del país azul de donde vengo.

Árbol que anuncias al viandante

la suavidad de tu presencia
con tu amplia sombra refrescante
y con el nimbo de tu esencia:

haz que revele mi presencia,

en las praderas de la vida,
mi suave y cálida influencia
de criatura bendecida.

Árbol diez veces productor:

el de la poma sonrosada,
el del madero constructor,
el de la brisa perfumada,
el del follaje amparador;

el de las gomas suavizantes

y las resinas milagrosas,
pleno de brazos agobiantes
y de gargantas melodiosas:

hazme en el dar un opulento

¡para igualarte en lo fecundo,
el corazón y el pensamiento
se me hagan vastos como el mundo!

Y todas las actividades

no lleguen nunca a fatigarme:
¡las magnas prodigalidades
salgan de mí sin agotarme!

Árbol donde es tan sosegada

la pulsación del existir,
y ves mis fuerzas la agitada
fiebre del mundo consumir:

hazme sereno, hazme sereno,

de la viril serenidad
que dio a los mármoles helenos
su soplo de divinidad.

Árbol que no eres otra cosa

que dulce entraña de mujer,
pues cada rama mece airosa
en cada leve nido un ser:

dame un follaje vasto y denso,

tanto como han de precisar
los que en el bosque humano, inmenso,
rama no hallaron para hogar.

Árbol que donde quiera aliente

tu cuerpo lleno de vigor,
levantarás eternamente
el mismo gesto amparador:

haz que a través de todo estado

-niñez, vejez, placer, dolor-
levante mi alma un invariado
y universal gesto de amor!
Bosque en Corcovado, Costa Rica. Fotografía Fernando Lizana.

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