Por Mario Valverde M.
II
La infancia es el viaje más natural y mágico de nuestras vidas. Este viaje dura entre 11 o 12 años, pero me temo que, cada vez, se reduce a menos años, producto de las cambiantes tecnologías de la informática, que nos cambian la fantasía de la conversión perceptiva por los juegos cibernéticos. Digamos que todo lo conocemos sin tocar, ni oler, ni sentir… de forma virtual. Aunque una amiga me hizo ver que los juegos virtuales nos prolongan la infancia, al darle la espalda a lo real-real de la sociedad del compromiso. Pero yo no estoy convencido, aunque debo confesar que podría ser por aquello del estribillo de que todo tiempo pasado fue mejor.
III
El viaje debería ser la mejor forma de entender Vida. Pensemos cuánto de tu vida está atrapado en el compromiso del trabajo, por la mejora de la producción y tu subsistencia. Si tu viaje, al menos en 50%, está al servicio del ocio del desarrollo de tus talentos, creo tu paso por esta vida estaría asegurado, estaría más cerca de la felicidad del espíritu vagabundo de la conversión con la naturaleza. Si estás más cerca del éxito, los resultados -la trampa como especie de canastas para atrapar langostas-, están listos para que no puedas salir nunca más. A lo mejor, todo esto lo estoy escribiendo sacando la cabeza por la malla que nos atrapa y nos roba el viaje mágico. Y para finalizar, la bendita sociedad también cuenta para el buen viaje; pienso en Newton, descrito por Voltaire en su libro Epistolario inglés: ”Vivió Newton 85 años, siempre tranquilo y feliz…tuvo la suerte de haber nacido en un país libre y en una época en que las impertinencias escolásticas habían sido barridas y sólo se cultivaba la razón, y el mundo no podía ser más que su alumno, no su enemigo” . Por supuesto, una sociedad así descrita ayuda para el VIAJE.
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